martes, 18 de agosto de 2009

A morir

Algunos opinan que, como los hombres no podemos parir, escribimos. Las mujeres -en eso también nos llevan la ventaja- pueden hacer las dos cosas. Hoy nos ataca una especie de síndrome pre parto, con dolores agudos. Como si empezaran las dilataciones a tres semanas del nacimiento -sí, sé que es imposible y humanamente aterrador, imagínense: 20 días de dilataciones, tres semanas de trabajo de parto, me duele de pensarlo... Y, sin embargo, elegimos hacerlo. Porque no podemos contra eso. Escribimos. Y actuamos. Y dirigimos. Y hablamos de teatro. Y hasta lo enseñamos. Meterle al teatro las horas que la vida te va dejando libres. Dos menos cuarto de la mañana y escribir en un blog sobre una obra que te va a dar pérdida. No hay vuelta, nos gusta sufrir... O al revés, y por eso hacemos teatro. Una cierta libertad. Un llegar a casa muerto de hambre y frío, pero con el estómago lleno de teatro, de vínculos humanos, de cuerpos contra cuerpos. Un "mañana madrugo", pero sueño con angelitos. Con una dolor imposible en la espalda, sin saber ya lo que es hueso y lo que es contractura. Con los ojos cansados de ver tanto bicho humano. Con la lengua gastada de hablar tanto, de hacer malabarismos con la gramática para decir exactamente lo contrario en una misma frase: "por ahí no, pero vas bien" o "eso mismo, pero probémoslo por acá". El teatro es presencia viva en un mundo de pantallas planas. Es el temor real a la muerte. Todo pasa ahora. Y todo puede dejar de pasar al cerrar los ojos. El equilibrista de circo que cae y muere, eso era el teatro para Tabori -para el Coco que siempre lo recuerda... El temor a la muerte. No nos cansamos de repetirlo, hacer teatro es un acto de rebeldía. Nos encanta creerlo. ¿El teatro es importante? No, y eso hace que sea esencial. Es un juego. Pero un juego a morir. Como el picadito: a morir a diez. Y todo sin saber cuál será el resultado. Si habrá un final. Y si será bueno. A tres semanas del estreno, la primera pasada. Hay algo. No sé bien qué. Pero hoy duermo tranquilo.
Santiago.-

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